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Catulo

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Óyeme, Catulo. Funesto el ocio te será, amigo, porque seguiste un beso con tu vida pero tus 36,5 grados no pudieron entibiar ese inmenso glaciar que asomaba detrás. Te encontraste de frente con el blanco peñasco, lo amaste mientras caías y cada vez que elevabas tu cabeza veías que único lugar que ansiaste, el de ese beso, fue una jaula de cuatro paredes que te dedicaba canciones y después de 20 años como siglos aún sigues recordando. Tu ocio nunca más fue tuyo, amigo. Desde ahí fue suyo y tu garganta bien lo sabe mientras se reía amable algo explotaba acá dentro. Tu dolor rió, sentada en la cuneta del frente como si aún hubiese amor, y, lanzándote una mirada sin pupilas, te miró a la cara mientras acercaba a su cuerpo otra figura borrosa. La reina de copas lo consiguió y tú, dos de bastos, te quedaste con el nudo y el ahogo como invitado de honor en tu propio funeral. Debiste haber aprendido para haber recuperado tu tiempo. Ese beso nunca fue tuyo, Catulo.

Zombie

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Aquí una adaptación para el español de la canción "Zombie" de The Cranberries, que traté de armar para nuestra banda. Hecha con mucho respeto hacia el sentido original y los dos niños víctimas del atentado de Warrington, Inglaterra, en 1993, que inspiraron a la banda irlandesa. Su rostro ausente cuelga El niño frío queda La violencia ha silenciado Confundiendo todo Por qué yo? Por qué a mí? Mi familia no vi Si en tu cabeza Está la guerra Tus tanques y bombas Tus bombas y armas Y en tu mente Todo es muerte En tu mente, solo muerte Zombie, zombie, zombie ¿Que hay en tu mente, solo muerte? Zombie, zombie, zombie Su madre destrozada Su corazón has cerrado Tu violencia ha silenciado Todo equivocado Es así desde aquel Mil nueve dieciséis En sus cabezas Todo es guerra Sus tanques y bombas sus bombas y armas Y en sus mentes Todos dementes En tu mente, solo muerte Zombie, zombie, zombie ¿Que queda en tu mente, solo muerte? Zombie, zombie, zombie...

Matilde

¡Ven! Descubramos cómo el corazón se desvanece y resbala entre maullidos metálicos. Observemos atentos cómo la vida ha llegado a su última corchea y nos deshacemos en llantos y penas por quien se ha ido. En realidad, amor, la vida no fallece. La materia se transforma y las vivencias son nuestro verdadero resultado. ¿Qué importa si fuimos co-rectos? ¿Qué importa si cabeceamos contra las paredes? Si en realidad, cuando morimos, no morimos. Sólo no estamos. Nuestra existencia sigue ahí: hijos, obras, recuerdos. Cada campanada suena distinto, pero todas se apagan. Ya no somos dueños de nuestro espíritu. Vivimos en el alma de quienes nos aman.