Soñé que despertaba al canto de los árboles me levantaba tierno, como suspiro de niño y caminaba con el sol susurrándome en la nuca. Las bocinas no existían, y la prisa parecía detenerse a mi paso. Las anaranjadas calles se cubrían con el día naciente hasta la llegada del bus que me acercaría a mi destino. Y desperté de nuevo: El ruido maricón del despertador me dejó pegado al techo. Me levanté sacándome una lagaña asesina de mi ojo derecho mientras reclamaba porque la pasta de dientes estaba toda seca. Y corrí cagao de sueño hasta el paradero repleto de gente 15, 30, 45 minutos congelado esperando... ¡Chucha, la puerta de atrás! ¡Fuckin' Transantiago! Y me subo colgando a la micro hedionda a humano.